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El posparto, lo que nadie te dice

Este artículo nació a sugerencia de mi hermana, quien acaba de tener su primer bebé. Una lindurita de apenas un mes. Ella, como toda primeriza vive en un constante estado de angustia y ansiedad, preguntándose continuamente si lo está haciendo bien, y cuestionándose a sí misma si lo que siente, piensa o hace es normal. Está abrumada con la crianza de su bebé. La realidad del día a día con su recién nacida no se parece en nada a lo que ella y su esposo fantasearon mientras estaba embarazada.

Así, me pidió que cuente todo aquello que nadie cuenta o solo te cuentan tus mejores amigas luego de ya pasados los primeros meses de vida del bebé y cuando el estado de ansiedad bajó en un 90% y es posible relajarse, mirar hacia atrás y analizar lo ocurrido en una sesión de catarsis con las amigas, esas sesiones de catarsis que deberían siempre ser más seguidas.
En mi experiencia son varias cosas fundamentales las que nadie te dice, o si alguien te las dice previo al parto no haces mucho caso o peor aún, no retienes.
Yendo al grano -en mi opinión- esta es la lista de las cosas más importantes que una debe saber luego del parto:

La llegada de un hijo, sobre todo del primero, es siempre un shock para la familia y sobre todo para la mamá. Durante las primeras semanas de vida del bebé (me atrevería a decir, primeros meses) es imposible, sí imposible, continuar con la rutina a la que estabas acostumbrada. Y para las primerizas, la organización se hace extremadamente difícil. El tiempo no alcanza para hacer todo lo que solías hacer. No te sorprendas si te dieron las 5:00 p.m. y sigues en pijama.

Criar a un recién nacido agota y este desgaste no es solo físico sino también emocional. La angustia que genera tener a un recién nacido en casa sólo se compara con la angustia que sintió Jesús en el huerto de Getsemaní (recuerden que sudó sangre). Esta angustia disminuye con el tiempo y a medida que vamos conociendo a nuestro bebé.

Si bien has llevado a ese bebé en tu vientre durante 9 meses no lo conoces y él tampoco a ti. Así que les va a llevar un tiempo (re)conocerse fuera del vientre. No te sientas mal si tu bebé llora y llora y no tienes idea de por qué. Los primeros días y semanas será ensayo y error hasta que aprendas a identificar sus llantos.

Los cambios hormonales son ciertos. Claro, que eso no significa que vas a tener que medicarte. Pero, definitivamente tus hormonas están alteradas y lo vas a notar (no solamente tú, sino todos los que viven contigo). No te asustes, volverás a ser la mujer encantadora que solías ser (algún día…).

Algo que siempre genera polémica, debido a la presión social que existe alrededor, es la lactancia. Con la experiencia de haber dado de lactar exclusivamente a dos por más de ocho meses cada uno, y a una tercera por seis meses puedo dar fe que dar de lactar no es una experiencia tan fácil y grata como te la pintan. Dar de lactar es duro. Los primeros días duele y puedes tener hasta heridas, el resto del tiempo: un ser humano depende 100% de ti para su supervivencia (recuerden la ansiedad de “el huerto”). Sí es cierto, es lo mejor que le puedes dar a tu bebé, pero no es fácil para todas. Mi conclusión es que si te cuesta mucho y vives malhumorada, fastidiada y deprimida, complementes con fórmula o les des sólo fórmula. Lo más importante para el niño/a es tener una madre feliz y plena, no una máquina proveedora de leche que ande amargada e histérica y transmita todos estos sentimientos al niño/a.

En algún momento, vas a estar tan destruida y frustrada que vas a querer tirar a tu bebé por la ventana. No te sientas mal, son semanas de malas noches. Y si alguien te dice que nunca ha sentido eso con sus hijos es porque ha delegado bastante su crianza. Pero, tú que los estás criando (o tratando de criar) a puro pulmón (sin nanas o abuelas que duerman con ellos) sabes lo duro que es, y que es inevitable exasperarse con ellos.

Vas a tener sentimiento de culpa, y ¿cómo no? después que has querido tirar por la ventana a tu pequeñito. Te entra un sentimiento de culpa horrible cuando ves a tu “angelito” descansando profundamente. No te preocupes, lo superarás. También te va a dar sentimiento de culpa irte por mucho rato de la casa, salir a la peluquería, ir a tomar café con las amigas, etc.

Te vas a volver el ser más antisocial que existe. Entre la angustia de salir con tu recién nacido y que le dé algo, el cansancio, la dificultad para organizarte y el hecho que simplemente lo único que te provoca es estar en casa mirando a tu bebé y dando vueltas a su alrededor te vas a perder el cumpleaños de tu mejor amiga, la graduación de tu hermano y tu aniversario de bodas. Se van a resentir, pero todos te comprenderán en cuanto tengan hijos.

Te olvidas del marido. Bueno, esto no les pasa a todas pero sí a las más “mamá gallina”, y no es que te olvides de que él existe, es que el pobre pasó a un quinto plano. No te preocupes, lo superará.

La barriga te queda totalmente flácida e hinchada después del parto. En algunos casos se te rompen los músculos de la panza. Tienes que trabajar duro para recuperar tu antigua figura, y algunas solo recuperarán sus formas mediante una cirugía. Odiarás a todas aquellas que ves regias a pocas semanas del parto.

Milagros Sáenz / www.neuromama.blogspot.com

 

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